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lunes, 10 de enero de 2011

VISION Y CONDUCCION

La tarea de conducir supone prestar ATENCIÓN a múltiples factores como, dirección, velocidad, otros vehículos, señales de tráfico, desvíos, etc, una  serie de elementos en los que la visión juega un papel fundamental. En este artículo trataré de daros una explicación “técnica” de cómo el sistema de percepción visual procesa la información que llega del exterior para calcular la dirección del vehículo, tanto en una recta como en una curva.

La información de este artículo la podéis completar con este enlace en nuestra página web de Area Oftalmologica Avanzada (Información Práctica: Conducción y Visión y en Congresos y Divulgación: Visión y Conducción),  donde encontraréis una serie de recomendaciones prácticas para una conducción más efectiva y segura. Espero que os sea de utilidad.


CONDUCCIÓN RECTILINEA

Si conducimos en una carretera recta, las pistas que nos orientan o nos sirven de guía, son las líneas laterales y central y el punto de fuga de los lados de la carretera cuando miramos recto al frente, se trata de mantener el vehículo a una distancia constante entre la línea central que separa las dos direcciones de la carretera y la línea lateral. Aun circulando en nuestro carril, si nos desplazamos ligeramente hacia una lado u otro, acercándonos más a la línea central o la lateral, la visión de las referencias, varía, tal como vemos en la figura siguiente, tomada de un artículo inglés y por tanto en la que se circula por la izquierda. Circulando en condiciones normales en  (a), dentro de los límites del carril en (b) y (c) y, en con un curso paralelo a la línea media pero desplazado respecto al centro del carril.




Se admite que las referencias que utilizamos respecto a lo que sucede delante de nosotros,  alcanza un límite de 30-50 metros, más allá los datos que aparecen en la escena son menos significativos.

La velocidad de conducción, es decir, el dinamismo que supone la conducción, vendrá dado por la velocidad de aproximación de los objetos que están delante y por como percibimos la línea discontinua central, si todavía la vemos como discontinua o ya se ha convertido en una línea continua, lo cual indica que superamos los 90 Km/h. Estás son pistas que utilizamos de forma inconsciente mientras conducimos, al igual que el ángulo que forma nuestra línea de mirada con el punto de fuga de la carretera, es lo que se conoce como “flujo visual de información” (Warren y Hannon, 1988).

CONDUCCIÓN EN CURVA

En este caso no tenemos un punto de fuga como referencia, nos guiamos con la dirección de la línea media, la distancia a las líneas media y lateral de la calzada, 25º y 50º respectivamente, y la tangente que describe la curva,  tal como se muestra en la figura.



El conductor debe tomar un punto de referencia, P, generalmente entre 3 y 10 mts, y  calcular mentalmente el ángulo  θ que hay entre ese punto y la dirección actual, H. El cálculo lo realizamos según la fórmula:  1/r = (2 sen θ) / D



Como la conducción es dinámica, el flujo de información visual,  vuelve a ser fundamental para calcular la velocidad y reajustar el ángulo  θ   de una forma continua. Es evidente que la situación será muy diferente según el radio de la curva, si es constante o variable. En el primer caso, es fácil establecer el ángulo θ y mantenerlo durante todo el recorrido de la curva, en el caso de radio variable, debemos calcular la angulación en cada instante. En estos casos se debe realizar un ajuste continuo basado en la tangente a la curva, partiendo desde los ojos del conductor,  θA, y la distancia al lateral de la curva, θB (ver figura).  Parece que la línea tangente la fijaríamos con la mácula o regiones para maculares, y la línea lateral, con la retina periférica.



En la conducción los ojos están alineados con la cabeza, de forma que ante una curva, movemos la cabeza pero no los ojos, buscamos la tangente con la cabeza y sólo en los casos de curvas muy pronunciadas, como al doblar una esquina en la conducción urbana, combinamos ambos movimientos, movemos la cabeza unos 50º y ampliamos el ángulo total, hasta 90º, con el movimiento de los ojos.

Uno de los aspectos menos estudiados pero que parece tener importancia significativa en el trazado de una curva, es la fuerza centrífuga que se ejerce sobre la cabeza y el estímulo que se genera en los canales semicirculares del oído. Estos efectos nos ayudan a calcular la velocidad y el radio de la curva. Precisamente este hecho es uno de los puntos débiles de los simuladores de conducción que se pretendía utilizar para las prácticas de los que aprenden a conducir o incluso para los pilotos profesionales. El no tener la señal de los canales auditivos  distorsiona la realidad de la conducción,  restando eficacia a los simuladores, por ello han quedado para conocer un circuito o como simple diversión, aunque sabemos que hay marcas importantes que ya están intentando incorporar la fuerza centrífuga que faltaba.

Mas información en www.areaoftalmologica.com

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